El
Customer Relationship Management, conocido por la ya famosa sigla CRM, no actúa aisladamente, sino que se integra con el
resto de los sistemas de la organización, desde las cuentas corrientes y
la facturación, hasta el stock y la administración de reclamaciones. Esta forma de operar impone cambios importantes
en la filosofía de la conducción y el management, orientando la gestión
hacia el cliente y dándole prioridad sobre los productos y procesos internos de la organización.
El hombre de hielo, al que los
antropólogos le asignan una antigüedad de unos 5.300 años, fue
encontrado recientemente bajo la nieve en la frontera entre Italia y
Austria. Desde el punto de vista del marketing moderno, puede decirse
que éste fue el primer consumidor: junto al cuerpo, bastante bien
conservado por el frío, se encontró una pequeña herramienta, tal vez un
hacha, fabricada con un material que no existía en la zona donde fue
encontrado el fósil, lo que lleva a creer que obtuvo el instrumento a
través del intercambio con algún otro contemporáneo proveniente de
tierras lejanas.
Y lo cierto es que, durante los siguientes 5.000 años, las formas de intercambio comercial se mantuvieron bastante estables. La economía preindustrial apenas alcanzaba a satisfacer una pequeña parte de las necesidades de consumo de la población, de modo que el exceso de demanda tornaba innecesaria la tarea de desarrollar nuevas formas de comercialización para atraer más clientes. Durante todo este tiempo, el proceso fue siempre uno a uno. El vendedor y el comprador acordaban las condiciones de la operación frente a frente, y existía el conocimiento mutuo.
Luego llegó la producción industrial y la necesidad de colocar una creciente producción de bienes y servicios. A partir de entonces, los medios de comunicación comenzaron a jugar un papel fundamental en las estrategias comerciales. El tiempo de la publicidad había comenzado.
La comercialización masiva se desarrolló al compás del crecimiento de la publicidad en medios masivos. Los vehículos que facilitaron el proceso fueron, primero, los diarios, luego la radio y finalmente la televisión.
Se desarrollaron los canales de distribución, y el productor perdió el contacto con el comprador.
Del zapatero a las multinacionales
Y lo cierto es que, durante los siguientes 5.000 años, las formas de intercambio comercial se mantuvieron bastante estables. La economía preindustrial apenas alcanzaba a satisfacer una pequeña parte de las necesidades de consumo de la población, de modo que el exceso de demanda tornaba innecesaria la tarea de desarrollar nuevas formas de comercialización para atraer más clientes. Durante todo este tiempo, el proceso fue siempre uno a uno. El vendedor y el comprador acordaban las condiciones de la operación frente a frente, y existía el conocimiento mutuo.
Luego llegó la producción industrial y la necesidad de colocar una creciente producción de bienes y servicios. A partir de entonces, los medios de comunicación comenzaron a jugar un papel fundamental en las estrategias comerciales. El tiempo de la publicidad había comenzado.
La comercialización masiva se desarrolló al compás del crecimiento de la publicidad en medios masivos. Los vehículos que facilitaron el proceso fueron, primero, los diarios, luego la radio y finalmente la televisión.
Se desarrollaron los canales de distribución, y el productor perdió el contacto con el comprador.
Del zapatero a las multinacionales
Herramientas tales como la investigación de mercado se
desarrollaron, precisamente, para remediar la falta de conocimiento del
productor acerca de la realidad, gustos y preferencias de sus
potenciales compradores.
El zapatero de la edad media no necesitaba marketing research, sus clientes se acercaban al taller y le indicaban con lujo de detalle las características del calzado que deseaban, y que luego él fabricaba para ellos.
El zapatero de la edad media no necesitaba marketing research, sus clientes se acercaban al taller y le indicaban con lujo de detalle las características del calzado que deseaban, y que luego él fabricaba para ellos.
Un nuevo sistema había nacido: el fabricante investigaba el
mercado, luego tomaba sus decisiones de producción y creaba una red de
distribución. Finalmente, con la ayuda de la publicidad, el público
concurría a comprar sus productos al punto de venta.
Quienes mejor entendieron este proceso crecieron a escala
nacional e internacional, y se transformaron en importantes
multinacionales con ingresos superiores a muchos de los países en que
ofrecían sus productos. La expansión geográfica fue la estrategia
operacional del desarrollo, y crecer fue la regla. Así surgió el concepto de consumidor, extraño personaje a
quien nadie conoce personalmente, ya que aparece de incógnito en los supermercados, compra productos y huye sin dejar
rastros. A ese consumidor, objeto místico del marketing, se dirigen
millones de mensajes diarios con el propósito de influir en su decisión
de compra.
Cuando el exceso de producción comenzó a frenar el juego del crecimiento, se utilizaron diversas tácticas para mantener la tendencia y no perder participación de mercado. Primero fue el incremento de la inversión publicitaria, luego vinieron los hechiceros del marketing promocional, con sus fabulosos programas de compre esto y le regalamos aquello tan de moda en estas tierras. Incentivos, cupones de descuentos y sorteos, son sólo algunas de las armas empleadas en esta batalla cotidiana.
¿Qué pasa, mientras tanto, con el consumidor? Nada más y nada menos que su profunda transformación: está dejando atrás la sumisión propia de quien no tiene alternativa, para asumir la posición exigente de quien sabe que dispone de la máxima facultad humana, la capacidad de elegir.
Este consumidor cada vez más exigente reclama productos cada vez más calificados y con mayores servicios de valor agregado, pre y posventa; reclama, en síntesis, valor por dinero (value for money).
Transformaciones en el contexto social
Dentro de este entorno competitivo en el ámbito global, se observan ciertas transformaciones que se vienen produciendo en todos los mercados y países:
1. El declive del modelo de hogar típico de los años 60. Aquella familia integrada por el padre, la madre y dos hijos a la que se dirigían todos los esfuerzos de marketing ha dejado de ser el patrón mayoritario de la sociedad actual. Separaciones y divorcios, segundos y terceros matrimonios con hijos aportados por cada cónyuge, adolescencias retardadas, solterías prolongadas, homosexualidad, son sólo algunos de los factores que han transformado a la familia tipo, hasta convertirla en minoritaria dentro de las sociedades modernas.
2. Ingreso masivo de la mujer al mundo laboral. Esto ha transformado definitivamente muchos de los hábitos de compra, y es por ello que han tenido éxito quienes desarrollaron respuestas a este fenómeno, como los shopping centers abiertos los siete días de la semana o las empresas que ofrecen compras telefónicas o por Internet con servicios de entrega a domicilio.
3. Proliferación de productos especializados. Progresivamente han crecido las variedades de todos los productos ofrecidos, desde la tradicional Coca-Cola, hasta el yogur.
4. Ciclos de vida más breves y ventajas competitivas rápidamente superadas. Las empresas despliegan parejos esfuerzos e inversiones en tecnología, diseño y otros aspectos relacionados con la creación de casi cualquier producto. De este modo, los productos se tornan obsoletos cada vez con mayor rapidez, y son igualados o superados por la competencia. La inversión en investigación y desarrollo es un requisito indispensable, pero no suficiente para mantenerse adelante.
5. Acceso de los consumidores a los avances tecnológicos. Esto ha conducido a que adquieran más información de manera más rápida y simple, lo cual los hace más poderosos. Los ordenadores, Internet, los teléfonos móviles y la validez internacional de las tarjetas de crédito son algunas de las claves en ese fortalecimiento de las capacidades de los consumidores.
En ese entorno, el marketing es una disciplina activa y prolífica, orientada a detectar los cambios de conducta de los consumidores y buscar nuevas formas de comprenderlos, con el objetivo manifiesto de adelantarse a sus deseos, ofreciéndoles más y mejores productos y servicios (accesibles, en forma oportuna y a un valor justo) para satisfacer sus necesidades y generar el combustible de los negocios: las ventas.
El nuevo entorno
Cuando el exceso de producción comenzó a frenar el juego del crecimiento, se utilizaron diversas tácticas para mantener la tendencia y no perder participación de mercado. Primero fue el incremento de la inversión publicitaria, luego vinieron los hechiceros del marketing promocional, con sus fabulosos programas de compre esto y le regalamos aquello tan de moda en estas tierras. Incentivos, cupones de descuentos y sorteos, son sólo algunas de las armas empleadas en esta batalla cotidiana.
¿Qué pasa, mientras tanto, con el consumidor? Nada más y nada menos que su profunda transformación: está dejando atrás la sumisión propia de quien no tiene alternativa, para asumir la posición exigente de quien sabe que dispone de la máxima facultad humana, la capacidad de elegir.
Este consumidor cada vez más exigente reclama productos cada vez más calificados y con mayores servicios de valor agregado, pre y posventa; reclama, en síntesis, valor por dinero (value for money).
Transformaciones en el contexto social
Dentro de este entorno competitivo en el ámbito global, se observan ciertas transformaciones que se vienen produciendo en todos los mercados y países:
1. El declive del modelo de hogar típico de los años 60. Aquella familia integrada por el padre, la madre y dos hijos a la que se dirigían todos los esfuerzos de marketing ha dejado de ser el patrón mayoritario de la sociedad actual. Separaciones y divorcios, segundos y terceros matrimonios con hijos aportados por cada cónyuge, adolescencias retardadas, solterías prolongadas, homosexualidad, son sólo algunos de los factores que han transformado a la familia tipo, hasta convertirla en minoritaria dentro de las sociedades modernas.
2. Ingreso masivo de la mujer al mundo laboral. Esto ha transformado definitivamente muchos de los hábitos de compra, y es por ello que han tenido éxito quienes desarrollaron respuestas a este fenómeno, como los shopping centers abiertos los siete días de la semana o las empresas que ofrecen compras telefónicas o por Internet con servicios de entrega a domicilio.
3. Proliferación de productos especializados. Progresivamente han crecido las variedades de todos los productos ofrecidos, desde la tradicional Coca-Cola, hasta el yogur.
4. Ciclos de vida más breves y ventajas competitivas rápidamente superadas. Las empresas despliegan parejos esfuerzos e inversiones en tecnología, diseño y otros aspectos relacionados con la creación de casi cualquier producto. De este modo, los productos se tornan obsoletos cada vez con mayor rapidez, y son igualados o superados por la competencia. La inversión en investigación y desarrollo es un requisito indispensable, pero no suficiente para mantenerse adelante.
5. Acceso de los consumidores a los avances tecnológicos. Esto ha conducido a que adquieran más información de manera más rápida y simple, lo cual los hace más poderosos. Los ordenadores, Internet, los teléfonos móviles y la validez internacional de las tarjetas de crédito son algunas de las claves en ese fortalecimiento de las capacidades de los consumidores.
En ese entorno, el marketing es una disciplina activa y prolífica, orientada a detectar los cambios de conducta de los consumidores y buscar nuevas formas de comprenderlos, con el objetivo manifiesto de adelantarse a sus deseos, ofreciéndoles más y mejores productos y servicios (accesibles, en forma oportuna y a un valor justo) para satisfacer sus necesidades y generar el combustible de los negocios: las ventas.
El nuevo entorno
La herramientas de marketing más poderosas que se haya desarrollado en los
últimos tiempos y la que está logrando más impacto en los resultados de
las grandes compañías es: el Customer relationship Management, más
conocido por sus siglas (CRM).
El sistema de administración de relaciones con los clientes
es el más moderno y efectivo método para maximizar el retorno sobre las
inversiones realizadas en marketing.
Para poder explicarlo de manera sencilla, es necesario
comenzar por algunos aspectos básicos del ciclo de venta de cualquier
producto.
Todas las empresas tienen un mercado, conformado por todos sus potenciales clientes, más allá de que conozca o no sus nombres y características. Para atacar este mercado, el paso inicial es la prospección. En esta etapa se trata de identificar quiénes son los potenciales clientes, para hacerles una oferta comercial concreta.
Una vez que se ha definido el mercado objetivo, ya sea por la ubicación geográfica, por la psicografía del target o por precisos detalles como el nombre y apellido, las empresas se lanzan a conquistar a esos potenciales clientes con el objetivo de vender. Sin embargo, aquí sólo empieza el verdadero proceso comercial, ya que esa venta única, primera y aislada, es un simple requisito previo del éxito. Casi ninguna empresa podría ser rentable en los actuales mercados competitivos si solamente consiguiera vender una vez sus productos o servicios a cada prospecto.
El esfuerzo para conseguir esa venta es tan costoso en términos económicos que generalmente no se recupera con el margen de esa operación: el costo de lograr la primera compra es generalmente mayor que el beneficio obtenido por esa venta. De modo que el proceso de captación de nuevos compradores es, básicamente, una etapa de costos, que solamente logran recuperarse si esos compradores repiten sus compras, es decir, si se transforman en clientes.
Todas las empresas tienen un mercado, conformado por todos sus potenciales clientes, más allá de que conozca o no sus nombres y características. Para atacar este mercado, el paso inicial es la prospección. En esta etapa se trata de identificar quiénes son los potenciales clientes, para hacerles una oferta comercial concreta.
Una vez que se ha definido el mercado objetivo, ya sea por la ubicación geográfica, por la psicografía del target o por precisos detalles como el nombre y apellido, las empresas se lanzan a conquistar a esos potenciales clientes con el objetivo de vender. Sin embargo, aquí sólo empieza el verdadero proceso comercial, ya que esa venta única, primera y aislada, es un simple requisito previo del éxito. Casi ninguna empresa podría ser rentable en los actuales mercados competitivos si solamente consiguiera vender una vez sus productos o servicios a cada prospecto.
El esfuerzo para conseguir esa venta es tan costoso en términos económicos que generalmente no se recupera con el margen de esa operación: el costo de lograr la primera compra es generalmente mayor que el beneficio obtenido por esa venta. De modo que el proceso de captación de nuevos compradores es, básicamente, una etapa de costos, que solamente logran recuperarse si esos compradores repiten sus compras, es decir, si se transforman en clientes.
Y es aquí donde se está produciendo la mayor transformación
del marketing moderno. Hasta ahora, las estrategias de marketing
trataban a cada compra como un elemento aislado e independiente, que
debía ser logrado sobre la base de diversas variables autónomas. Lograr
cada venta era un desafío individual; el potencial comprador era un
nuevo objetivo, sin tener en cuenta que ya hubiera adquirido nuestro
producto o servicio en el pasado. Las variables de marketing eran administradas prescindiendo de esta
información.
Durante varias décadas, las inversiones de marketing
apuntaron a la utilización de medios masivos para la construcción de
marca, apoyados por un despliegue tecnológico nunca antes imaginado.
Se llegó así a un fin de siglo caracterizado por una paridad de
productos que no logran diferenciarse en los supermercados pese a los
esfuerzos de los fabricantes, consultores y agencias de publicidad.
Había que ofrecer un incentivo que desbalanceara la paridad hacia nuestro lado. Y fue así que las estrategias promocionales parecieron eclipsar al marketing.
Se desató entonces una guerra de descuentos, sorteos y regalos basados en una teoría simple pero convincente: dada una situación de mercado, aquella marca que ofrezca un incentivo efectivo para la compra de sus productos durante un período determinado, logrará un incremento de ventas que, además de cubrir el costo de los incentivos, permitirá ganar una participación de mercado residual adicional una vez vencido el plazo de la promoción.
Este fue el fundamento de una tremenda transformación en el marketing de los últimos años: los presupuestos de publicidad fueron racionalizados para dar cabida a una cada vez mayor cantidad de promociones, hambrientas del prometido incremento del market share.
Tal fue el éxito de esta teoría que se crearon funciones gerenciales para administrar esta herramienta. Pero llegó un momento en que prácticamente todos los productos tenían una casi permanente promoción, con lo cual el carácter diferencial de estas estrategias se fue perdiendo. Se llegó a un estado de saturación en el que los principales protagonistas de todas las categorías competían entre sí sobre la base de nuevas promociones, dejando al consumidor en la situación de comprar solamente productos en promoción, que pasó a ser el estado natural de la oferta.
En este contexto, surgió un nuevo concepto que avanza a pasos agigantados: el Customer Relationship Management.
Había que ofrecer un incentivo que desbalanceara la paridad hacia nuestro lado. Y fue así que las estrategias promocionales parecieron eclipsar al marketing.
Se desató entonces una guerra de descuentos, sorteos y regalos basados en una teoría simple pero convincente: dada una situación de mercado, aquella marca que ofrezca un incentivo efectivo para la compra de sus productos durante un período determinado, logrará un incremento de ventas que, además de cubrir el costo de los incentivos, permitirá ganar una participación de mercado residual adicional una vez vencido el plazo de la promoción.
Este fue el fundamento de una tremenda transformación en el marketing de los últimos años: los presupuestos de publicidad fueron racionalizados para dar cabida a una cada vez mayor cantidad de promociones, hambrientas del prometido incremento del market share.
Tal fue el éxito de esta teoría que se crearon funciones gerenciales para administrar esta herramienta. Pero llegó un momento en que prácticamente todos los productos tenían una casi permanente promoción, con lo cual el carácter diferencial de estas estrategias se fue perdiendo. Se llegó a un estado de saturación en el que los principales protagonistas de todas las categorías competían entre sí sobre la base de nuevas promociones, dejando al consumidor en la situación de comprar solamente productos en promoción, que pasó a ser el estado natural de la oferta.
En este contexto, surgió un nuevo concepto que avanza a pasos agigantados: el Customer Relationship Management.
Génesis del CRM: Formas de contacto
Las empresas pueden
comunicarse con su público objetivo a través de mensajes en medios
masivos de comunicación o mensajes personalizados que llegan mediante
diferentes vehículos, como el correo electrónico , los sms y cada vez más por software de mensajeria instantanea.
Estas cuatro formas básicas de contacto –medios masivos, correo directo, teléfono y vendedores- han dominado la comercialización del siglo XX, y constituyen una pirámide en la que la efectividad y calidad de cada contacto son directamente proporcionales al método utilizado y a su costo.
No vamos a referirnos en este trabajo a la publicidad y su capacidad de comunicar efectivamente los valores de las marcas, solamente diremos que el resultado del proceso depende de diversos factores, la relevancia del mensaje para el público objetivo está claramente determinada por la creatividad, el tipo de medio utilizado y la frecuencia y repetición del mensaje. Pero hay que señalar, al menos, que la característica básica de la publicidad convencional es apuntar a la construcción de marcas, que transformen la opinión de los potenciales consumidores buscando como objetivo la elección en el punto de venta.
Nadie cuestiona la importancia de este proceso. De hecho, la valoración de las marcas ha sido reconocida contablemente entre los activos más valiosos de las compañías modernas.
Estas cuatro formas básicas de contacto –medios masivos, correo directo, teléfono y vendedores- han dominado la comercialización del siglo XX, y constituyen una pirámide en la que la efectividad y calidad de cada contacto son directamente proporcionales al método utilizado y a su costo.
No vamos a referirnos en este trabajo a la publicidad y su capacidad de comunicar efectivamente los valores de las marcas, solamente diremos que el resultado del proceso depende de diversos factores, la relevancia del mensaje para el público objetivo está claramente determinada por la creatividad, el tipo de medio utilizado y la frecuencia y repetición del mensaje. Pero hay que señalar, al menos, que la característica básica de la publicidad convencional es apuntar a la construcción de marcas, que transformen la opinión de los potenciales consumidores buscando como objetivo la elección en el punto de venta.
Nadie cuestiona la importancia de este proceso. De hecho, la valoración de las marcas ha sido reconocida contablemente entre los activos más valiosos de las compañías modernas.
Con el desarrollo de la informática en la segunda mitad del
siglo pasado y la fuerte reducción de sus costos en las últimas dos
décadas, la posibilidad de desarrollar bases de datos de candidatos y
clientes ha potenciado la utilización del correo o mensajeria directa como forma de
comunicación comercial. Sin embargo, el teléfono es la herramienta más poderosa de
comunicación comercial a distancia, y esta afirmación se fundamenta en
su principal ventaja frente a la publicidad y el correo o mensajeria directa: la
interactividad.
Todas estas formas de comunicación comercial interactúan y se complementan con el objetivo de generar ventas repetitivas. Para ver cómo interactúan es necesario analizar las distintas fases en el ciclo de compra de cualquier producto: Preventa - Venta - Posventa.
Hasta ahora, el marketing ponía el foco en la primera etapa del proceso, asignaba a las áreas comerciales (ventas) la segunda etapa y se desentendía de la tercera, que parecía más un costo de venta que una herramienta de fidelización.
Tendencias actuales
Analizaremos ahora las tres tendencias principales vinculadas con estos procesos:
1) De una publicidad de marcas a una publicidad de respuestas
Como se explicó antes, el objetivo básico de la publicidad durante toda su existencia ha sido construir marcas para influir en la decisión en el punto de venta. Por eso, su efectividad ha sido simultáneamente reconocida y cuestionada. Reconocida, porque es indudable su capacidad de influir sobre las preferencias de los potenciales consumidores, y cuestionada por la dificultad de medir de manera precisa su real incidencia en las decisiones de compra de un segmento.
En muchas ocasiones, los anunciantes desconocen a su público objetivo, por lo menos al nivel de detalle necesario para poder comunicarse con los clientes de manera personalizada. Este tipo de anuncios permite comunicar de manera masiva un mensaje relevante que produzca un estímulo para que el target responda identificándose y brindando la oportunidad de profundizar la relación.
2) De un target promedio a una relación personalizada
La meta básica de la comunicación masiva es comunicar mensajes relevantes para segmentos de público objetivo que son alcanzados por los medios de comunicación. Esta premisa de utilizar mensajes masivos para públicos masivos parte del supuesto de que existen grandes grupos de consumidores para los cuales el mismo mensaje puede resultar significativo.
Esto era especialmente cierto en épocas en las que la sociedad estaba más estructurada y homogeneizada; Posteriormente se fue descubriendo que quienes apuntaban a segmentos diferenciales y ofrecían productos y comunicación adaptados a las necesidades específicas de esos diferentes segmentos obtenían mejores resultados que quienes, en el esfuerzo de abastecer a todos, terminaban diseñando productos y mensajes no representativos.
Paulatinamente los mensajes fueron adaptándose a segmentos cada vez más pequeños, donde se pudieran identificar patrones comunes de comportamiento esperado frente a determinados estímulos. Y es aquí donde comienza a volverse importante la posibilidad de obtener mayor información sobre el target. Al principio, esta mayor información fue proporcionada por la técnica de investigación de mercados, que permitió a las empresas obtener datos precisos sobre el comportamiento de los diferentes segmentos para asociar esas actitudes a determinadas variables.
Todas estas formas de comunicación comercial interactúan y se complementan con el objetivo de generar ventas repetitivas. Para ver cómo interactúan es necesario analizar las distintas fases en el ciclo de compra de cualquier producto: Preventa - Venta - Posventa.
Hasta ahora, el marketing ponía el foco en la primera etapa del proceso, asignaba a las áreas comerciales (ventas) la segunda etapa y se desentendía de la tercera, que parecía más un costo de venta que una herramienta de fidelización.
Tendencias actuales
Analizaremos ahora las tres tendencias principales vinculadas con estos procesos:
1) De una publicidad de marcas a una publicidad de respuestas
Como se explicó antes, el objetivo básico de la publicidad durante toda su existencia ha sido construir marcas para influir en la decisión en el punto de venta. Por eso, su efectividad ha sido simultáneamente reconocida y cuestionada. Reconocida, porque es indudable su capacidad de influir sobre las preferencias de los potenciales consumidores, y cuestionada por la dificultad de medir de manera precisa su real incidencia en las decisiones de compra de un segmento.
En muchas ocasiones, los anunciantes desconocen a su público objetivo, por lo menos al nivel de detalle necesario para poder comunicarse con los clientes de manera personalizada. Este tipo de anuncios permite comunicar de manera masiva un mensaje relevante que produzca un estímulo para que el target responda identificándose y brindando la oportunidad de profundizar la relación.
2) De un target promedio a una relación personalizada
La meta básica de la comunicación masiva es comunicar mensajes relevantes para segmentos de público objetivo que son alcanzados por los medios de comunicación. Esta premisa de utilizar mensajes masivos para públicos masivos parte del supuesto de que existen grandes grupos de consumidores para los cuales el mismo mensaje puede resultar significativo.
Esto era especialmente cierto en épocas en las que la sociedad estaba más estructurada y homogeneizada; Posteriormente se fue descubriendo que quienes apuntaban a segmentos diferenciales y ofrecían productos y comunicación adaptados a las necesidades específicas de esos diferentes segmentos obtenían mejores resultados que quienes, en el esfuerzo de abastecer a todos, terminaban diseñando productos y mensajes no representativos.
Paulatinamente los mensajes fueron adaptándose a segmentos cada vez más pequeños, donde se pudieran identificar patrones comunes de comportamiento esperado frente a determinados estímulos. Y es aquí donde comienza a volverse importante la posibilidad de obtener mayor información sobre el target. Al principio, esta mayor información fue proporcionada por la técnica de investigación de mercados, que permitió a las empresas obtener datos precisos sobre el comportamiento de los diferentes segmentos para asociar esas actitudes a determinadas variables.
El desarrollo de bases de datos en los países con alta
calidad de información y buen nivel de actualización alentó el
florecimiento de la actividad de las comunicaciones personalizadas, como
el direct mail y el telemarketing outbound. Ambos medios permiten un
nivel de personalización total, al adaptar los mensajes a grupos tan
reducidos como la situación de marketing lo requiera. Esa posibilidad de personalización brinda al destinatario la
sensación de que la comunicación ha sido preparada exclusivamente para
él, teniendo en consideración sus peculiares características.
Ahora bien, hasta aquí nos hemos referido a la posibilidad de personalizar la comunicación sobre la base de variables externas existentes en cualquier base de datos pública, lo cual fue y sigue siendo extremadamente efectivo, pero es sólo un primer paso en las nuevas tendencias del marketing. Actualmente, el objetivo de las empresas no es solamente personalizar la comunicación sobre la base de información externa, sino –y fundamentalmente- poder almacenar de manera eficiente la información interna de forma que sea posible personalizar las comunicaciones de marketing a partir de datos propios, generados en la relación previa con el destinatario.
3) Del tratamiento igualitario al marketing diferencial
Tal como se señaló al comienzo, la gran transformación del marketing moderno pasa por la diferente aproximación a los clientes, sobre la base de información disponible acerca de transacciones anteriores.
Las compañías aéreas fueron las primeras en descubrir el valor del cliente frecuente, y le dieron forma a la teoría que hoy reconoce a la ley de Pareto como el criterio más difundido de distribución de carteras de clientes. Esto significa que en la mayoría de las actividades comerciales y en la mayoría de las empresas se observa una tendencia a que una minoría de clientes (por ejemplo, 20%) contribuya a los beneficios en un porcentaje muy superior al resto (por ejemplo, aportando 80%).
Una vez descubierta esta relación, ¿cómo seguir defendiendo un trato igualitario para clientes que contribuyen a la rentabilidad de la compañía de manera tan diferente?
El desarrollo de la informática, su accesibilidad y sus costos cada vez más bajos, han abierto las posibilidades para que empresas más reacias a este tipo de enfoques terminen reconociendo la importancia del marketing diferencial y opten por la construcción de sistemas que les permitan relacionarse con sus consumidores de acuerdo con su valor.
Estas tres tendencias del marketing del fin de siglo XX fueron el campo de cultivo de una nueva concepción que se denominó Customer Relationship Management.
Muchos desconfían de este concepto y ponen en duda que realmente tenga diferencias sustantivas con sus predecesores, es decir el marketing directo, marketing relacional o database marketing. Esta nueva concepción, CRM, constituye un avance fundamental en el futuro de las estrategias comerciales.
Ahora bien, hasta aquí nos hemos referido a la posibilidad de personalizar la comunicación sobre la base de variables externas existentes en cualquier base de datos pública, lo cual fue y sigue siendo extremadamente efectivo, pero es sólo un primer paso en las nuevas tendencias del marketing. Actualmente, el objetivo de las empresas no es solamente personalizar la comunicación sobre la base de información externa, sino –y fundamentalmente- poder almacenar de manera eficiente la información interna de forma que sea posible personalizar las comunicaciones de marketing a partir de datos propios, generados en la relación previa con el destinatario.
3) Del tratamiento igualitario al marketing diferencial
Tal como se señaló al comienzo, la gran transformación del marketing moderno pasa por la diferente aproximación a los clientes, sobre la base de información disponible acerca de transacciones anteriores.
Las compañías aéreas fueron las primeras en descubrir el valor del cliente frecuente, y le dieron forma a la teoría que hoy reconoce a la ley de Pareto como el criterio más difundido de distribución de carteras de clientes. Esto significa que en la mayoría de las actividades comerciales y en la mayoría de las empresas se observa una tendencia a que una minoría de clientes (por ejemplo, 20%) contribuya a los beneficios en un porcentaje muy superior al resto (por ejemplo, aportando 80%).
Una vez descubierta esta relación, ¿cómo seguir defendiendo un trato igualitario para clientes que contribuyen a la rentabilidad de la compañía de manera tan diferente?
El desarrollo de la informática, su accesibilidad y sus costos cada vez más bajos, han abierto las posibilidades para que empresas más reacias a este tipo de enfoques terminen reconociendo la importancia del marketing diferencial y opten por la construcción de sistemas que les permitan relacionarse con sus consumidores de acuerdo con su valor.
Estas tres tendencias del marketing del fin de siglo XX fueron el campo de cultivo de una nueva concepción que se denominó Customer Relationship Management.
Muchos desconfían de este concepto y ponen en duda que realmente tenga diferencias sustantivas con sus predecesores, es decir el marketing directo, marketing relacional o database marketing. Esta nueva concepción, CRM, constituye un avance fundamental en el futuro de las estrategias comerciales.
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